El hombre americano se le pega al pensamiento constantemente, no fue especial, un hombre interesante a lo sumo, se sorprende pensando en él hasta perder las riendas de instante, entrar en el asunto circunflejo del tiempo, quedando imantada, recreándose en una boca sonriente, unos ojos que la observan con atención, ojos hospitalarios, prometedores. Todo está sucediendo ahora, su encuentro con él en una plaza invadida por palomas, a la par que sus deseos de volver a verle, sus encuentros futuros. Todo está sucediendo, ha sucedido, sucederá ahora, somos apenas el suspiro de un dios melancólico, no nos ha sido dado el conocimiento, nos damos golpes constantemente contra el mismo muro, vivimos de ilusiones, como una ilusión es el transcurso del tiempo, acotamos nuestro miserable universo, nos erguimos con soberbia, desafiando al destino. Desea verlo, sacarse de encima los ropajes de la cortesía, contarle así de claro sus sospechas, acerca de lo que está sucediendo, acerca de lo que sucedió. Sin tener que soportar caras burlonas, él entenderá, entra en su vida, se instala sin nombre, junto a otros seres de aquel muro...